Crecer cantando
11 de julio de 2026 · 1 min de lectura
No sabría deciros cuándo empecé a cantar, porque no hubo un principio. No recuerdo una primera vez, ni un día en que decidiera que esto era lo mío. Simplemente la música siempre estuvo ahí, como una forma de estar en el mundo. Cantar no era algo que hacía; era, y sigue siendo parte de quién soy.
De ahí vinieron los escenarios. Muchos concursos, castings, galas, sitios grandes y sitios diminutos. Con los años una aprende cosas que no se estudian en ningún sitio: a sostener la mirada, a dejarse llevar, a estar de verdad presente. Pero si me preguntáis qué me llevo de todo aquello, no os voy a hablar de premios.
Me quedo con los momentos pequeños. Con la cara de alguien del público que se emociona sin esperárselo. Con esa persona que se acerca al final, no para felicitarme, sino para contarme qué le ha removido por dentro una canción. Con ese instante en que una voz y quien la escucha se encuentran, aunque no se conozcan de nada. Eso no se gana ni se pierde en ningún concurso, y es lo que de verdad me llena.
Porque para mí cantar nunca ha ido de ganar. Va de eso: de emocionar y de emocionarme, de estar cerca de la gente aunque sea lo que dura una canción. Sigo siendo la misma de siempre, la que cantaba sin más. Solo que ahora tengo la suerte de hacerlo en los días importantes de otras personas.
Y no se me ocurre nada que me haga más feliz.
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