Os cuento quién soy.
Para mí cantar nunca ha sido una decisión
Es lo que hago desde que tengo memoria, y en realidad desde antes.
Mis padres me ponían música con unos cascos cuando todavía estaba en la barriga de mi madre, y cuando llegué al mundo fue lo único que me calmaba. De pequeña no paraba de cantar por casa: en la cocina, en el coche, en la ducha.


En este mundo se aprende a base de noes: te curten y te quitan el miedo.
Fue mi padre quien me descubrió a la que sería mi referente musical durante años: Leona Lewis. Aquello lo cambió todo. Fue la que me hizo querer cantar de verdad, y desde niña me prometí que algún día cantaría una canción suya. Con once años entré en una academia de canto y me formé allí unos cinco años. El resto ha sido mucho oído, mucha técnica y muchísimas ganas.
Mi primer escenario de verdad fue Cortylandia, el espectáculo de Navidad de El Corte Inglés en pleno centro de Alicante. Hacía de Estrella de la Navidad y cantaba delante de toda la gente que pasaba por allí.
Después vinieron los concursos. Algunos memorables, como Vive la Voz y Cántame Kids, que gané los dos. Y muchos otros a los que vas con toda la ilusión y de los que vuelves sin nada.
Y son justo los que te enseñan a seguir presentándote. A La Voz Kids me presenté tres años seguidos hasta que entré en 2017. Llegué a la final, y fue una experiencia única: se vive todo con una emoción y una intensidad que no he vuelto a encontrar en ningún sitio. Es magia pura, aunque no deje de ser televisión.
En 2020 me animé a volver, ya de adulta, y me presenté a La Voz. Allí cumplí por fin la promesa que me había hecho de niña y canté Homeless, de Leona Lewis, en las audiciones a ciegas. Fue una etapa muy distinta, más exigente, con un nivel altísimo y mucha competencia, y eso también enseña. De las dos salí aprendiendo, y conociéndome un poco mejor.
“Homeless”
Audiciones a ciegas · La Voz
“I'll Never Love Again”
Asaltos · La Voz


Desde hace cinco años canto cada fin de semana en Pepito Brillo, un restaurante con espectáculo en directo en Alicante. Son cientos de actuaciones entre comidas y cenas, y es donde de verdad he aprendido el oficio: a leer una sala, a sostener un silencio, a hacer mía una canción que he cantado cien veces pero que, para quien la escucha esa noche, suena por primera vez.
Y aquí es donde entran las bodas, la etapa en la que estoy centrada ahora y en la que quiero volcarme por completo. Desde que empecé en esto siento que he encontrado mi sitio. Soy una enamorada del amor, de las que lo idealizan todo, y cantar en el día más importante de una pareja no es para mí un trabajo más.
Y si al final soy yo quien canta en la vuestra, por mi parte me encargaré de que todo salga perfecto.
Os prometo que la viviré casi tanto como vosotros.
Sobre música, bodas y la emoción del directo.